Alfredo Bryce Echenique también ha sido plagiado

El domingo  13 de febrero de 1994 Alfredo Bryce Echenique publicó en el periódico ABC de España un artículo sobre el ensayo que tituló “El género más misterioso del mundo” que ha tenido a lo largo del tiempo una amplia repercusión siendo reproducido y citado en innumerables ocasiones.

A pesar de ello en la Memoria Académica 1996-1997 del Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades que contiene una selección y compilación  de los trabajos y exposiciones del año figura la profesora Rosa María Colea Roca, prosecretaria de la organización firmando un texto titulado “Ensayo sobre el género ensayo” que guarda algo más que una simple similitud con el trabajo de Bryce Echenique y que se puede considerar como un plagio al escritor peruano.

Comparemos  ambos textos, no sin antes decir que los números y los textos en rojo los he puesto para facilitar la lectura de las coincidencias al lector :

“Ensayo sobre el género Ensayo” Rosa María Colea Roca

El ensayo es un género, que nació en el siglo XVI, y fue 1.- Montaigne, quien lo definió como una alternativa a la prosa científica y lo convirtió en género literario; sin embargo, nada quedó definitivamente establecido acerca de sus rasgos, estructuras o procedimientos.

2.- Según el diccionario, “ensayo es una composición literaria de naturaleza analítica e interpretativa, que trata de un asunto desde un enfoque más o menos limitado y personal y admite una considerable libertad de estilo y método.” Si bien, generalmente los ensayos son breves, como para leerlos de un solo tiro, el vocablo también se aplica a obras sistemáticas que encaran sus respectivos asuntos, en una serie de subdivisiones, como por ejemplo, “El ensayo sobre el conocimiento humano”, de John Locke”.

3.- Ciertamente, el ensayo no es poema, ni narración, ni obra de teatro, pero dentro de su ámbito, existen ciertas características con un común denominador, y que permiten acercarse a su esencia. Es un género fluctuante y universal que puede tomar elementos de la imaginación, o de metáfora de la propia poesía; y en cuanto a la historia, que es una disciplina que tiene como objetivo evocar el pasado, sino se limita a referir escuetamente los hechos, e interviene la imaginación, o el parecer del autor, también podría participar el ensayo.

4.- Por otra parte, existen novelas que son una sucesión de ensayos, como por ejemplo cuando los personajes hacen ensayos sobre la soledad, la incomunicación, el amor, etc. Sin embargo, por lo normal, esta relación no se establece de forma clara y el ensayo se presenta como algo sinuoso, que toma elementos también en todos los demás. La ambigüedad es su característica esencial y por ello aún hoy, sigue luchando por ser un género totalmente autónomo. Puede afirmarse que el ensayo fluctúa entre el campo de la ciencia y la filosofía, o de la literatura y el arte. En tanto que, la filosofía y la ciencia tienen como sujeto, lo general y lo abstracto; la literatura y el arte lo tienen en lo singular y concreto. El ensayo, parte de lo singular y concreto cuando se trata por ejemplo, de un individuo, una ciudad, un personaje histórico, una obra de arte, etc., pero también puede elevarse hacia ideas más generales y abstractas. Este fluctuar entre un ámbito y otro, es el que provoca el ataque de algunos, para considerar como un género literario que dicen, no encaja en los anteriores. La filosofía académica, lo considera poco riguroso y desde el arte se ve como algo demasiado intelectual, poco vital.

5.- Hoy, según afirman muchos, Simmel, el autor de “La puerta y el puente”, fue fundador del ensayo contemporáneo porque, ¿dónde hubiera entrado ese tema?, ni en la novela ni en filosofía. Había pues, que inventar un género.

De ése modo, se han escrito hasta la fecha, originales obras literarias sobre algún objeto determinado. El ensayo se caracteriza por su carácter fragmentario, clasificado, incompleto y casi siempre muy personal, si retrato e intento dar un conocimiento no de las cosas, sino de mí mismo. Además hay una desviación, cuando la parte general y abstracta, que debe existir en el ensayo, esta sumida en lo singular, o en lo universal, o limitado a la manifestación de la nacionalidad, o los ensayos considerados como confesión del autor, o cuando la verdad en el ensayo artístico está subordinada a la belleza del estilo; en todos estos casos, se pierde la objetividad y se va determinando a la inversa y da forma muy precisa a su carácter de género literario.

6.- El resultado de mis indagaciones sobre este específico y controvertido género, me ha llevado a la conclusión de que en él, caben todos los temas y procedimientos y aún sin tener reglas establecidas, ni claramente definidas, es sin duda alguna, un género literario que tiene valor por sí mismo y además, es un instrumento imprescindible y productivo para muchos escritores. En consecuencia, mi intención al presentar el presente escrito, lleva la presunción de reunir las condiciones necesarias para pertenecer a este controvertido e interesante género literario.

El Género más misterioso del mundo

Por: Alfredo Bryce Echenique
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No hay género más impreciso que el ensayo. La gente se ha puesto de acuerdo en aceptar que fue Montaigne quien lo inventó y también en aquello que el ensayo no es, pero no en lo que es. 1.- Montaigne lo definió como una alternativa a la prosa científica y lo convirtió en género literario, pero nada quedó definitivamente establecido acerca de sus rasgos estructuras o procedimientos.

Los escritores ingleses de los siglos XVIII y XIX definieron el ensayo como una pieza más bien corta sobre un tema, una situación, un personaje concreto, sobre los cuales se desarrolla libremente una serie de reflexiones. No creo que a la historia –contrariamente a lo afirmado por muchos- le corresponda la categoría de ensayo. La historia es una disciplina que tiene un objetivo determinado, evocar el pasado, y por eso participa poco de las características del ensayo. La historia es muy compleja porque además de una disciplina, tiene como dice Octavio Paz, algo de poesía.

3.- El ensayo no es poema ni narración ni obra de teatro, pero dentro de su ámbito existen ciertas características con un común denominador que permiten acercarse a su esencia. Es un género fluctuante y ubicuo que puede tomar elementos de la imaginería o de la metáfora propia de la poesía. A este nivel, en la historia que no se limita a referir escuetamente los hechos, está el ensayo.

4.- Por otra parte, conocemos novelas que son una sucesión de ensayos. Es el caso de Eduardo Mallea, cuando sus personajes hacen ensayos sobre la soledad, la incomunicación o la muerte. Pero normalmente esta relación no se establece de forma clara y el ensayo se presenta como algo sinuoso que toma elementos de todos los demás géneros y que a menudo se insinúa también en todos los demás. La ambigüedad es su característica esencial y por ello aún hoy sigue luchando por ser un género totalmente autónomo. Fluctúa entre el campo de la ciencia y la filosofía, o de la literatura y el arte. La filosofía y la ciencia tienen como sujeto lo general y lo abstracto, la literatura y el arte lo singular y lo concreto. El ensayo parte de lo singular y concreto (un individuo, una ciudad, un personaje histórico, un paisaje), pero se eleva hacia ideas generales y abstractas. Ahí está ese fluctuar entre un ámbito y otro que provoca justamente el ataque por ambos lados. La filosofía académica lo considera poco riguroso y desde el arte se le ve como algo demasiado intelectual, poco vital. Se trata de una dicotomía muy del siglo XIX, entre la concepción cientificista positiva de la ciencia que desdeñaba lo estético, y la concepción romántica irracionalista que desdeña el pensamiento lógico. Por eso el ensayo se convierte en una tierra de nadie.

2.- Traduzco ahora el diccionario Webster. “Ensayo: composición literaria de naturaleza analítica e interpretativa que trata un asunto desde un enfoque más o menos limitado y personal y admite una considerable libertad de estilo y método”. Si bien, generalmente, los ensayos son bastante breves, como para leerlos de un solo tirón, el vocablo también se aplica a obras sistemáticas que encaran sus respectivos asuntos en una serie de subdivisiones como “El ensayo sobre el conocimiento humano” de John Locke.

Regreso a Montaigne, en busca de ayuda y, en efecto, no es casual que el ensayo naciera con él y en el siglo XVI, en momentos que se desmorona la concepción sistemática de la Edad Media y no ha nacido todavía la concepción sistemática de la Edad Moderna. En esa brecha surge el ensayo, que se caracteriza por su carácter fragmentario, rapsódico, incompleto. Y muy personal, si recordamos estas palabras de Montaigne: “Soy yo mismo a quien retrato e intento dar un conocimiento no de las cosas, sino de mí mismo”.

Montaigne destacó ante todo la subjetividad del ensayo, pero Bacon hizo lo mismo con su objetividad. La contradicción en este caso parece insalvable y creo que sólo podemos salir de ella si pensamos en los vehículos del ensayo. ¿Dónde se escriben hoy ensayos? Si el ensayo es a la vez síntesis y mezcolanza, a juzgar por lo que intentaron hacer los intelectuales del siglo XIX y principios del XX (una captación de la realidad como relación interdisciplinaria donde entran la sociología, la política, la filosofía, la historia y la literatura), humanistas que hablan de todo, como Dilthey, Weber y Simmel, los últimos ensayistas que quedaron serían Sartre y los pensadores de la Escuela de Frankfurt. Para ellos, una sabiduría humanística tan amplia sólo podía tener cabida en el ensayo.

5.- Hoy, según muchos, Simmel es el fundador del ensayo contemporáneo. Escribió, por ejemplo, sobre la puerta y el puente. ¿Dónde hubiera podido caber ese tema? Ni en la novela ni en la filosofía. Había, pues, que inventar un género, y así fue como después Adorno escribió sobre la ventana. Pero también para muchos, son los grandes novelistas los que marcan el carácter de una época. Proust, Mann, Musil… Y páginas enteras de Proust, Mann, Musil, Hugo y Tolstoi son auténticos ensayos. En el caso de Ernesto Sábato, cuyas novelas son verdaderas prolongaciones de El uno y el universo que se le fue metiendo en sus ficciones.

Hay una desviación cuando la parte general y abstracta, que debe existir en el ensayo, está sumida en lo singular. Lo universal limitado a la manifestación de la nacionalidad será el caso de Eduardo Mallea, o el caso de los ensayos considerados como confesión del autor (Bataille, Cioran). Y en cuanto a Valéry y Borges, la verdad en el ensayo estético está subordinada a la belleza del estilo. Se pierde, pues, la objetividad y se va determinando, a la inversa y de forma muy precisa, su carácter de… género literario (!!!). En fin, también es cierto, que sin imaginación la historia se convierte en una crónica árida y con demasiada imaginación en una mentira… Y que también interviene la imaginación en la ciencia…

6.- …Y hemos regresado prácticamente al principio: en el ensayo entran todos los temas y procedimientos. Entran hasta los aforismos de La Rochefoucauld… pero La Rochefoucauld tiene una intención de reformar las costumbres que, según algunos ensayistas, no entra en el ensayo…

…Sólo me queda decirle adiós a las armas y recordar que Montaigne inventó el ensayo, según los ensayistas, pero que también la existencia del ensayo es prácticamente lo único que avala la existencia de los ensayistas… ¿O viceversa? Conclusión: ¡El ensayo es el género más misterioso del mundo!

 

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