Casos inéditos

Cuando se le concedió a Bryce Echenique el premio Fil de Literatura en el año 2012, ya se sabía de sus plagios . En ese momento se levantaron muchas voces de autores y críticos literarios tanto para defenderlo como para condenarlo. Uno de los argumentos más escuchados por esos días de parte de “la bancada pro Bryce” fue que haber plagiado “algunos” artículos o columnas de opinión no afectaba en nada su vasta obra literaria, pues nada había en sus libros que se pudiese decir era un plagio. Sin embargo, como se verá a continuación en el siguiente texto, -obviamente plagiado-, éste sí formó parte de  de su libros de crónicas “A trancas y Barrancas ” de 1997.

Este nuevo caso que doy a conocer, y otros que iré agregando en este sitio,  se suman así a la larga lista de plagios que ya he publicado.

Holden Caulfield

Original: Holden Caulfield goes to Law School por ANDREW DELBANCO

 New Republic, 9 de marzo de 1987

https://newrepublic.com/article/72841/holden-caulfield-goes-law-school

In the ’50s he occupied, indeed almost dominated, the literary territory between mockery and indignation that the New Yorker shared with MAD magazine. It was a world composed of crisp sentences that just save themselves from epigrammatic glibness. Holden Caulfield added to them the charm of ungainliness, but they were still essentially the judgments of stylish urbanity upon the false sophisticate…

It was this prophetic city of uncertain topography that Salinger turned into a symbolic landscape. Within it, he tried to chronicle the ever-growing dominance of the principle of utility in American life. This is why his fiction is everywhere concerned with the moral cost of sexual awakening. One of the transformations that Holden most dreads is that the world may become a place populated by catlike people who rub themselves against one another for physical relief, and then walk away, satisfied, into the night.

He did not survive the transition from the restless ’50s into the committed ’60s; he lacked the capacity for partisanship, or for cool detachment, that would have enabled him to make that shift. Though he always wrote about immutability as an illusion, he surely agreed with Holden, who thought that the best thing about the Museum of Natural History was that it was a place where “everything always stayed right where it was.”

Salinger, too, stayed where he was. His audience, however, did not. It grew up—first into “engagement,” then into “realism.” There is a sense in which the current controversy has become another means for Salinger to punish his apostate followers by withholding himself from them. He had once written, as had most major American writers before him, in the hope of effecting the spiritual conversion of his readers. His uncited but controlling scriptural text (Salinger’s explicit spiritual interest took the form of a fascination with Zen) had been Matthew

Plagio: Cuando el lector se va de ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

ABC de España p.80, Tribuna Abierta, jueves 4 de agosto de 1994

file:///C:/Users/MARIASOLEDAD/Downloads/ABC-04.08.1994-pagina%20080%20(1).pdf

También se publicó en: «Cuando el lector se va», Jano, marzo, 1995, pág. 78 y en su libro “A trancas y barrancas”

…Salinger realmente dominó durante dos décadas (1950-1970) aquel díficil territorio literario que va del humor a la indignación, y que entonces compartían las revistas “New Yorker” y “MAD”. El suyo era un mundo compuesto por frases frágiles que apenas se salvaban de una locuacidad epigramática y al que Holden Caufield (sic) le agregó el encanto de una torpeza adolescente y febril, pero sin alterar su verdadera esencia. En “el cazador oculto”, Caufield derrumba la falsa sofisticación con las herramientas de una estilizada urbanidad.

Esa era la ciudad profética y de incierta topografía, que Salinger convirtió en el paisaje simbólico adecuado para situar su crónica del creciente dominio del utilitarismo en la vida norteamericana. Los adolescentes que pueblan sus ficciones descubren el alto costo moral del despertar sexual y nada teme más Holden Caufield que un mundo poblado por gente huraña y gatuna, que apenas se atreve a rozarse al pasar, que sólo busca el desahogo físico y que, satisfecha, continúa su camino hasta perderse en el anonimato de la noche

…Salinger no logró sobrevivir al cambio que se operó en la sociedad norteamericana entre los “inquietos cincuenta” y los “comprometidos sesenta”. Era tan incapaz de tomar partido como de mostrar un sereno distanciamiento. Y aunque siempre escribió de la inmutabilidad como una total ilusión, uno tiene la impresión de que, en el fondo, siempre estuvo de acuerdo con Holden Caufield cuando éste afirmaba que lo mejor del Museo de Ciencia Natural era que “cada cosa se quedaba siempre en su sitio”

A diferencia de sus lectores, Salinger también se quedó en su sitio hasta que la apostasía final de aquellos se produjo. No olvidemos que, como tantos grandes escritores norteamericanos antes que él, Salinger también escribió con la esperanza de influir en la vida espiritual de sus lectores. Vivió fascinado por el budismo Zen y por la palabra evangélica de San Mateo

 

Ibeoamerica

Aníbal Quijano Obregón  Destacado sociólogo y teórico político peruano. Actualmente es Profesor del Department of Sociology, Binghamton University en Estados Unidos y desde el año  2010, dirige la Cátedra América Latina y la Colonialidad del Poder en la Universidad Ricardo Palma, en Lima, Perú. Quijano es el autor del ensayo “América Latina en la Economía Mundial” que fue plagiado por Alfredo Bryce Echenique. A continuación se reproducen en parte el texto original y el plagio para quienes deseen comparar los textos.

Original: “América Latina en la Economía mundial” por ANÍBAL QUIJANO

Problemas del Desarrollo. Revista Latinoamericana de Economía. Vol25, N°95 (octubre-diciembre 1993) pp.43-59

 

“… aunque la racionalidad eurocentrista ha entrado en crisis al mismo tiempo que culmina y transita la globalización final de dicho mundo…

Debe recordarse, en primer lugar, que el control del poder poscolonial fue ganado  por los herederos de los colonizadores. Comoironía histórica, la Independencia les permitió en el área iberoamericana, hasta la ventaja de no tener que lidiar con el poder controlador de la Corona respecto de las relaciones con los dominados, “indios” sobre todo, “negros” y mestizos, las nuevas identidades históricas establecidas durante la Colonia. De ese modo, la colonialidad pudo ser inclusive acentuada, una vez terminado el colonialismo.

Respecto a lo que aquí está en debate, dos implicaciones mayores merecen ser por lo menos consignadas…Primero, el desencuentro perdurable entre, de un lado, la originalidad y la especificidad de la experiencia histórica llamada América Latina y, del otro, la configuración eurocentrista de la mirada, de la perspectiva dominante, que sigue tratando de “leer” esa realidad como-si-fuera-Europa. Segundo, la hasta ahora insanable lacra de la percepción eurocentrista  del dominante sobre el dominado (“indio”, “negro” o “mestizo”), que bloque la admisión de tal dominado como otro sujeto, es decir, diferente pero igual. Y por lo cual, la ciudadanía del dominado no puede ser cabal, ni la sociedad realmente nacionalizada, ni el Estado efectivamente representativo, ni el orden político social estable y legítimo.

La percepción eurocentrista implica que la realidad latinoamericana sólo puede ser vista según las imágenes inevitablemente distorsionadas en el espejo europeo. …Lo trágico de eso es que los problemas no pueden ser resueltos, salvo parcial y fugazmente. Porque América, y por sobre todo América Latina, no es, no puede ser, por modo alguno una prolongación de Europa. Occidente quizás. Europa, jamás. América del Norte es ante todo una manera avanzada de Occidente. Pero no es, no lo fue nunca, meramente una copia  o una prolongación de Europa. Si lo es, quizás sólo en los mismos modo y medida con los cuales Europa es hoy una prolongación de América del Norte. Para América Latina, Occidente es por cierto una de sus básicas maneras. Todo lo demás le es propio. Pero todo eso quiere decir que el eurocentrismo, como modo dominante de percibir, de elaborar nuestra realidad, es un elemento necesario de la colonialidad del poder y perdura y es reproducido en interés de los beneficiarios de  tal poder.

Las categorías “raza”, “color”, “etnicidad” y el complejo intersubjetivismo “racismo-etnicismo”, no sólo son inherentes al eurocentrismo en América Latina, son sus fundamentos….

Dentro de aquella configuración, las correspondencias sociales, materiales o ideológicas, que están asociadas a la democratización básica y a la correspondiente nacionalización relativa de las sociedades, en América Latina no pueden desarrollarse plenamente”….

 

 

Plagio: “Iberoamérica y la colonialidad persistente” por Alfredo Bryce Echenique

Diario ABC de España, IV Cumbre Iberoaméricana, miércoles 15 de junio de 1994

 

“Aunque la racionalidad eurocentrista ha entrado en crisis al mismo tiempo que culmina y transita la globalización final de dicho mundo, no debemos olvidar que el control del poder poscolonial fue ganado  por los herederos de los colonizadores.. Tal cosa significó en el área iberoaméricana, la ventaja adicional de no tener que lidiar con el poder controlador de la Corona respecto de las relaciones con los dominados (mestizos, indios, sobre todo y negros), o sea, las nuevas identidades históricas establecidas durante la colonia. De ese modo la colonialidad pudo se inclusive acentuada una vez terminado el colonialismo.

Las consecuencia fundamentales de esta situación han sido dos. Primero, el desencuentro perdurable entre, de un lado, la originalidad y especificidad de la experiencia histórica llamada Iberoamérica y, de otro lado, la configuración de la mirada, de la perspectiva dominante, que sigue tratando de “leer” esa realidad como-si-fuera-Eur5opa. Segundo, la hasta ahora incurable lacra de la percepción eurocentrista del dominante sobre el dominado, que bloquea la admisión de éste como otro sujeto; es decir, diferente pero igual. Por ello, la ciudadanía del dominado no puede ser cabal, ni la sociedad realmente nacionalizada, ni el Estado efectivamente representativi, ni el orden político-social estable y legítimo.

La percepción eurocentrista de las clases dominantes iberoamericanas implica que la realidad sólo puede ser vista según las imágenes inevitablemente distorsionadas del espejo europeo. Lo trágico es que los problemas no pueden ser resueltos, salvo parcial y fugazmente. Porque América, y sobre todo Iberoamérica, no es, no puede ser, de ninguna manera, una prolongación de Europa. Occidente quizás. Europa,  jamás América del Norte es ante todo una manera avanzada de Occidente, pero no es, no lo fue nunca, meramente una copia o prolongación de Europa. Si lo es, quizás  sólo en los mismos modos y medida con los cuales Europa es hoy una prolongación de América del Norte.

Para Iberoamérica, Occidente es por cierto una de sus básicas maneras. Todo lo demás le es propio. Pero todo eso requiere decir que el eurocentrismo, como modo dominante de percibir, de elaborar nuestra realidad , es un elemento necesario de la colonialidad del poder y es reproducido en interés de los beneficiarios de dicho poder. Las categorías “raza”, “color”, “etnicidad” y el complejo intersubjetivo “racismo-etnicismo”, no sólo son inherentes al eurocentrismo en Iberoamérica. Son sus fundamentos.

Dentro de aquella configuración, las correspondencias sociales, materiales o ideológicas, que están asociadas a la democratización básica y a la correspondiente nacionalización relativa de las sociedades, en Iberoamérica no pueden desarrollarse plenamente…

 

Toulouse

Aclaración:

Cuando realicé las primeras denuncias de los plagios de Bryce encontré que entre los autores plagiados se encontraban Juan Soto Viñolo y su hija Carmen Lloret.

Tomé contacto con ellos  y gentilmente me hicieron llegar su artículo: “Cary Grant, un ícono del cine” que se había publicado originalmente en la Revista Jano en el año 2002 (N° 1414) y que Bryce publicó como  “Cary Grant y el sueño americano” en el Suplemento Cultural diario La Nación de Argentina el Domingo 4 de abril de 2004

Pero no era este el único plagio a estos escritores pues también en el año 2002 pero en el número N°1424 de la misma revista Jano  había aparecido “Andy Warhol. El arte como negocios”,  trabajo que un año más tarde y, nuevamente en el suplemento de cultura de La Nación de Argentina, Bryce pasó como suyo titulándolo  “Un artista de los negocios” (Domingo 2 de marzo de 2003).

Hace pocos días leyendo en “La Zancadilla”, un sitio que apareció en fecha posterior a mis denuncias me encontré nuevamente con un artículo que me pareció  familiar. Su título: “Henri de Toulouse-Lautrec, el genio del Moulin Rouge” y está firmado por Juan Soto Viñolo y Carmen Lloret. Si bien tiene fecha del 20 de marzo de este año que fue cuando se subió a internet se trata de la reproducción de su trabajo original que apareció en la revista Jano hace ya muchos años: “Toulouse-Lautrec murió hace cien años (Jano N° 1404, p. 135, 2001) Por Juan Soto Viñolo y Carmen Lloret y que Alfredo Bryce Echenique publicara como suyo en la revista mexicana Nexos titulándola “Un refinado voyeur” el 1 de enero de 2005 y también en “La Voz del Interior” de Córdoba, Argentina el 15 de diciembre de 2004

Acá ahora podrán compararlos:

Original: Henri de Toulouse-Lautrec, el genio del Moulin Rouge por Juan Soto Viñolo y Carmen Lloret publicado por primera vez como: Toulouse-Lautrec murió hace cien años. (Jano N° 1404, p. 135, 2001),

“Henri de Toulouse-Lautrec, (1864-1901) murió el 9 de septiembre de 1901 a los 37 años, la misma edad que su amigo y coetáneo Vincent Van Gogh. Expiró en el lecho de muerte de una habitación del castillo de Marlomé acompañado por su madre quien le alentó a pintar desde su infancia y que después de su muerte recopiló parte de su obra para constituir el museo que lleva su nombre en Albi, su ciudad natal.

primer artista maldito de fin del siglo XIX. Su breve vida y su luminosa obra estuvieron condicionadas por la deformidad de sus piernas a causa de la caída de un caballo a los 14 años fracturándose   los fémures que no llegaron a soldarse bien, debido a la consanguinidad hereditaria de sus padres, el conde Alphonse Charles de Toulouse-Lautrec Monfa y la condesa Adèle Marquette Tapiè de Céleyran, que eran primos. “El tronco, que era el de un hombre de estatura normal, parecía haber aplastado con su peso y el de la gran cabeza las cortas piernas que apuntaban por debajo”, relató Thandée Natanson,  editor de la Revue Blanche. Trató de combatir su fracaso físico, independizándose en el París canalla y marginal, evadiéndose de su realidad con una profusa ingesta de ajenjo que le llevó hasta el delirium tremens en 1897. En aquella ocasión disparó su revólver para defenderse del ataque de unas  imaginarias arañas.

Durante su vida se encontró con Suzanne Valadon, otra artista notable, lo que dio lugar a no pocas escenas de amor, rupturas y perdones. Toulouse-Lautrec sustituyó los salones aristocráticos de su familia por los prostíbulos de París, el hampa de la calle, los bares de cancán, los cafés cantantes de Montmartre y el salón de la Rue des Moulins, creando en poco tiempo una obra pictórica de proporciones históricas. En esos escenarios tomó aposento recibiendo a sus amigos como el gran señor que nunca dejaría de ser dentro de su insólita y literaria bohemia. Nadie como él para retratar y publicitar aquellos lugares de ocio en lo que puede calificarse como el nacimiento del cartel moderno. Fue, además,  el representante del postimpresionismo.

Instruido por Princeteau, León Bonnat y Cormon, amigo de Van Gogh, Emile Bernard, Oscar Wilde y Edgar Degas, Toulouse-Lautrec se instaló en la nocturnidad  parisina para, bajo la inspiración de las aspas luminosas del Moulin Rouge, pintar cantantes, bailarinas, ninfas y encopetados caballeros de frac, bombín y bastón con empuñadura de plata. Personajes como Jane Avril, La Goulue, Ivette Guilbert y Valentin le Désossé, han perpetuado su fama gracias al pintor.

Toulouse-Lautrec fue un virtuoso del dibujo. Con un trazo firme y dinámico dejó para la historia del arte un legado de cuadros, litografías, posters y carteles que se erigieron como un icono indiscutible para las generaciones venideras, sobre todo el Art Noveau y el Modernismo. Tanto en su faceta como cartelista como en la de pintor construyó un lenguaje plástico nuevo utilizando tintas planas y colores claros, influenciado por la estampa japonesa, una pincelada enérgica, insaciable que dio a sus cuadros un efecto de velocidad. A diferencia de sus coetáneos postimpresionistas, no pretendió analizarse a sí mismo. Toulouse-Lautrec fue un observador nato, un refinado voyeur. Las escenas de los burdeles protagonizadas por las prostitutas se alejan de obras  de Degas o Manet que habían abordado antes el tema pero nunca de forma tan explícita como el retaco artista, que sorprende a las meretrices en su intimidad e incluso pinta escenas eróticas de carácter lésbico, hecho que aumentó más su reputación subversiva. Sus cuadros de las cocottes, de las bailarinas, del circo, van mas allá de la pintura, son el testimonio histórico de la época. El pintor retrató la vida de un París en ocasiones decadente, sórdido, pero siempre vivo y palpitante. El delirium tremens y sus ingresos hospitalarios resquebrajaron su estilo en los dos últimos años de su vida. Desaparecieron casi por completo los tonos claros, utilizó más material en sus obras, otorgándole un volumen hasta entonces inédito en el artista y el trazado, consecuencia de su contumaz borrachera, se volvió más inseguro. Este viraje fue debido a las crisis alcohólicas que fueron mermando su capacidad para dibujar, su ilusión por vivir.

Henri de Toulouse-Lautrec fue un artista que logró lo que muy pocos han alcanzado: vivir del arte siendo un genio sin que ello repercutiera o afectara a su obra. El gran cronista de la vida nocturna de París, unió la pintura y la realidad, consiguiendo hacer eterno lo instantantáneo, otorgándole a su obra un valor incalculable. A este personaje que un accidente le convirtió en un enano atípico, le bastaron unos escasos años de vida para incorporar su talento a la historia de la pintura moderna.”

 

Plagio: Un refinado “voyeur” Por Alfredo Bryce Echenique

Revista Nexos No. 325 • Enero de 2005; La Voz del Interior, 15 de diciembre de 2004

“Henry de Toulouse-Lautrec falleció hace ya un largo siglo, a los 37 años, la misma edad que su amigo y coetáneo Vincent van Gogh. Expiró en una habitación del castillo de Malromé, acompañado de su madre, quien lo alentó a pintar desde su infancia y que después de su muerte recopiló su obra para constituir el museo que lleva su nombre en Albi, su ciudad natal.

Nacido en 1864, Toulouse-Lautrec fue considerado durante largo tiempo como un pintor mediocre y entró en la historia del arte como el primer pintor maldito de fin del siglo XIX.

Su breve vida y su luminosa obra estuvieron condicionadas por la deformidad de sus piernas. A la edad de 14 años, Toulouse-Lautrec se cayó de un caballo y se fracturó los fémures, que no llegaron a soldarse a causa de la consanguinidad hereditaria de sus padres, el conde Alphonse Charles de Toulouse-Lautrec y la condesa Adèle Marquette Tapié de Céleyran, que eran primos.

Trató de combatir su fracaso físico independizándose en el París canalla y marginal, evadiéndose de su realidad con una profusa ingesta de ajenjo que lo llevó hasta el delirium tremens en 1897. En aquella ocasión disparó su revólver para defenderse del ataque de unas arañas imaginarias.

 

“El tronco, que era el de un hombre de estatura normal, parecía haber aplastado con su peso y el de la gran cabeza las cortas piernas que apuntaban por debajo”, escribió en La revue blanche, una revista de la época, el editor Thandée Natanson.

Durante su vida, se encontró con Suzanne Valadon, otra artista notable, lo que dio lugar a no pocas escenas de amor, rupturas y perdones. Toulouse-Lautrec sustituyó los salones aristocráticos de su familia por los prostíbulos de París, el hampa de la calle, los bares de can-can, los cafés cantantes de Montmartre y el salón de la Rue des Moulins, creando en poco tiempo una obra pictórica de proporciones históricas.

Bohemia legendaria

En esos escenarios tomó aposento recibiendo a sus amigos como el gran señor que nunca dejaría de ser dentro de su insólita y legendaria bohemia. Nadie como él para retratar y publicitar aquellos lugares de ocio en lo que puede considerarse como el nacimiento del cartel moderno o del póster. Fue, además, el representante del posimpresionismo.

Amigo de Van Gogh, Oscar Wilde y Degas, Toulouse-Lautrec se instaló en la nocturnidad parisiense para, bajo la inspiración de las aspas luminosas del Moulin Rouge, pintar cantantes, bailarinas, ninfas y encopetados caballeros de frac, bombín y bastón con empuñadura de plata. Personajes como Jane Avril, La Goulue, Ivette Guilbert y Valentin le Desosé han perpetuado su fama gracias al pintor.

Toulouse-Lautrec fue un virtuoso del dibujo. Con un trazo firme y dinámico, dejó para la historia del arte un legado de cuadros, litografías y carteles que se erigieron como un ícono indiscutible para las generaciones venideras, sobre todo el art nouveau y el modernismo.

Tanto en su faceta de cartelista como en la de pintor, construyó un lenguaje plástico nuevo, utilizando tintas planas y colores claros, influenciado por la estampa japonesa, una pincelada enérgica, insaciable que dio a sus cuadros un efecto de velocidad.

Observador nato

A diferencia de sus coetáneos posimpresionistas, no pretendió analizarse a sí mismo. Toulouse-Lautrec fue un observador nato, un refinado voyeur.

 

Las escenas de los burdeles protagonizadas por las prostitutas se alejan de las obras de Degas o Manet, que habían abordado antes el tema pero nunca en forma tan explícita como el retacón artista, que sorprende a las meretrices en su intimidad e incluso pinta escenas eróticas de carácter lésbico, hecho que aumentó más su reputación subversiva. Sus cuadros de las cocottes, de las bailarinas y del circo van más allá de la pintura y son el testimonio histórico de la época.

Toulouse-Lautrec retrató la vida de un París en ocasiones decadente, sórdido, pero siempre vivo y palpitante.

El delirium tremens y sus ingresos hospitalarios resquebrajaron su estilo en los dos últimos años de su vida. Desaparecieron casi por completo los tonos claros, utilizó más material en sus obras, otorgándoles un volumen hasta entonces inédito en el artista, y el trazado, consecuencia de su contumaz borrachera, se volvió más inseguro. Este viraje fue debido a las crisis alcohólicas, que fueron mermando su capacidad para dibujar, su ilusión por vivir.

Henry Toulouse-Lautrec fue un artista que logró lo que muy pocos alcanzaron: vivir del arte siendo un genio, sin que ello repercutiera o afectara a su obra. El gran cronista de la vida de París unió la pintura y la realidad, consiguiendo hacer eterno lo instantáneo, otorgándole a su obra un valor incalculable.

A este personaje, que un accidente convirtió en un enano atípico, le bastaron unos cuantos años de vida para incorporar su talento a la historia de la pintura moderna”.

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